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jueves, 25 de septiembre de 2014

Detrás del telón















El talento y la genialidad muchas veces van de la mano de vidas tortuosas, incluso atormentadas. Sobre este lugar común se construye la película "Yves Saint Laurent", el primero de los dos biopics que se estrenan este año sobre el controvertido modisto francés, dirigido por el actor, y ahora director, de origen argelino, Jalil Lespert.

El segundo de los biopics, todavia sin fecha de estreno en España, se llama “Saint Laurent”, esta dirigido por Bertrand Bonello, y es la película enviada por Francia a los Oscars del próximo año.

“Yves Saint Laurent” es una película biográfica que no es exhaustiva ni todo lo rigurosa que sería de desear, pero tampoco superficial ni deliberadamente falsa. Se acerca con rasgos a menudo sinceros y válidos a la figura de un auténtico genio de la moda del siglo XX, un Yves Saint Laurent que contribuyó, con su indudable imaginación y su creatividad, a que un mundo anclado en el pasado y en la rutina, evolucionara hacia nuevos logros y metas.

En ella se descubren los orígenes de su familia en Oran (Argelia), su pasión desde joven por el diseño, su entrada en la profesión, a través del maestro  Christian Dior , así como su relación con Pierre Bergé su compañero y socio hasta el final de sus días.

La película recuerda cómo conoció a Bergé y cómo ambos forjaron el nombre de su empresa y crearon un imperio de la moda. No se recrea demasiado en el descenso a los infiernos del alcohol y de las drogas del genio y su relación con el gigolo Jacques de Bascher  ,  quien también fuera pareja intermitente de Karl Lagerfeld, pero sí enaltece sus colecciones más emblemáticas, como la del homenaje a Mondrian, o su posado desnudo para promocionar su perfume Opium, el mas vendido del mundo. Tampoco se olvida de la pasion de Y/SL por el arte moderno y su importante colección acumulada, junto a Berge, a lo largo de su vida  y subastada al completo, por el fiel compañero, después de su muerte, en el 2008.

La cinta, al contrario de la de Bonello,  está autorizada y co-producida por Bergé, por lo que la puesta en escena es soberbia y , sobretodo, comulga con el universo estético del creador, ya que el empresario dejó a los encargados de vestuario, capitaneados por Myriam Laraki , que husmearan en los archivos de YSL.

Digna de mención es también la interpretación, de los dos actores protagonistas, ambos de la Comedie Française, Pierre Niney (Saint Laurent), quién a su parecido físico le añade una brillante conjunción de gestualización y sentimiento y Guillaume Gallienne (Bergé), que nos brinda una actuación plena de contención y control no exenta de riesgo y matices.

A todo esto hay que añadirle uno de los puntos fuertes de la pelicula: Una música magnifica  compuesta por Ibrahim Maalouf, la cual refleja a la alta sociedad que nos muestra y que incluye unas partituras jazzísticas de piano y viento muy bellas que recuerdan,en ocasiones, a John Coltrane.


"Yves Saint Laurent", por lo tanto, sin ser una gran película,  es una pieza entretenida y bien hecha,  que nos evoca la grandeza y las ideas ideas renovadoras del genial modisto pero, también, nos sitúa frente a sus vaivenes y sus momentos más grises. Porque lo que es cierto es que cada vida contiene un drama cotidiano, independientemente del ambiente en el que se desarrolle.

domingo, 31 de agosto de 2014

El estrecho queda cerca












Se nota que Daniel Monzón ha respirado mucho cine de género hasta llegar a su ultima película, “EL niño”. Ya con "Celda 211", su anterior película, nos regaló un notable trabajo carcelario que encuentra continuidad en este intenso thriller fronterizo, situado al sur, en la geografía abierta, marina, soleada, populosa, comprometida y problemática del estrecho de Gibraltar, ese límite, o nido de víboras con maletín, situado entre Europa y África.
Debo confesar que, a pesar de todos sus Goyas y de su éxito de público, no me gustó demasiado 'Celda 211': me pareció una película bastante tramposa (¿un condenado en España por "homicidio en primer grado"?), con unos errores de cásting de bulto  y ciertas subtramas  prescindibles.
Así que esta semana me he enfrentado con cierta prevención a 'El niño', su nueva película, escrita, como aquella, por él mismo y Jorge Guerricaechevarría. Y la sorpresa ha sido monumental, porque me he encontrado no sólo con uno de los mejores thrillers jamás rodados en el cine español, sino con uno de los mejores thrillers de las últimas décadas.
"El niño" cuenta dos historias paralelas que se desarrollan en la zona del Estrecho. Por un lado, la de un policía obsesionado con desmantelar una red internacional de tráfico de cocaína. Por otro, la de dos amigos de Algeciras que sueñan con ganar dinero fácil y, con la ayuda de un marroquí-español, deciden dedicarse al contrabando de hachís a pequeña escala utilizando una moto acuática. Naturalmente, las dos tramas acaban convergiendo en una final espectacular y perfectamente hilado tanto sobre el papel como en la pantalla.La producción es excelente.  El retrato de la vida cotidiana a ambos lados del Estrecho, realista y naturalista. Las escenas de acción están rodadas con pulso firme y muy bien montadas. Los diálogos tienen autenticidad. Las elipsis son las justas y necesarias. El ritmo es trepidante, intenso y no da un respiro a lo largo de las dos horas y cuarto de metraje, que se evaporan en un suspiro y  la música completa un excelente trabajo gracias a la mano experimentada de Roque Baños, siendo alusiva, en todo momento,  a los emplazamientos donde transcurre la acción.
Las actuaciones son competentes. Con un Luis Tosar inconmesurable, como siempre, y unos secundarios de lujo como Sergi Lopez , Eduard Fernandez y Barbara Lennie. Entre los protagonistas jóvenes, muchos de ellos actores no profesionales, hay algunos altibajos pero, en conjunto, el casting no chirría.
En fin, un excelente ejemplo de cine bien hecho, sin grandes novedades ni logros espectaculares, pero donde cada pieza del estudiado y complejo engranaje funciona a la perfección, derrochando talento narrativo y con un empaque visual y un acabado primoroso que hace parecer fácil lo básico: Crear unos personajes atractivos, veraces y vibrantes, meterlos en una intriga palpitante llena de acción, recovecos, turbiedad y avidez y lograr que cada escena haga avanzar el conjunto, añadiendo algún matiz inesperado que nos involucra de lleno en el desarrollo de las diversas historias paralelas, sin decaimiento del ritmo y con un desenlace potente y rotundo que ata eficazmente todos los cabos.









jueves, 2 de enero de 2014

Cualquier tiempo pasado fue mejor









Dirigida por  Paolo Sorrentino, “La Gran belleza” es, con toda seguridad, una de las mejores películas del año. Una obra maestra llena de calidad, profundidad, precisión y hermosura, construida como un poema visual, que rescata aquel cine italiano clásico, extraño, fellinesco y magistral.

Así, el director de "Il Divo" nos presenta aquí su película más atrevida y audaz, y se la juega siendo más él mismo que nunca. Se nota que mama de la teta de Fellini y  de  "La Dolce Vita", pero no es la revisión  de un clásico lo que nos presenta sino,  simple y llanamente, su mejor película. 

La historia es sensacional. Habla del todo y de la  nada, de la mediocridad y de la exuberancia, de la decadencia y la grandiosidad, de la vida y de la muerte. Es poesía pura que nos muestra a una alta sociedad romana decrépita y cansada que se reúne en fiestas en las que corren el alcohol, las drogas, el arte contemporáneo, la libertad sexual, y todo con Roma como telón de fondo.

 El guión es simplemente brillante. Las escenas se suceden regadas de grandes diálogos y situaciones que invitan a la reflexión y a la autocrítica en una búsqueda mezquina de lo que es más importante, las propias raíces, que no son, simplemente, los antepasados o la tradición familiar, sino lo que verdaderamente sostiene nuestra  vida. Una búsqueda en la que hay cabida para el drama, la comedia negra, la ironía, el sarcasmo y el esnobismo.

Los actores están imponentes, sobre todo el protagonista, Toni Servillo, que no actúa, sino  vive. Su labor tiene tintes tan naturales que son casi insultantes, se desenvuelve con una facilidad pasmosa y su influencia y su atracción son impresionantes. Completa un espectacular reparto de secundarios en los que cada uno brilla en su cometido dando vida a la estrafalaria alta sociedad romana.


La música es también bellisima, a caballo entre lo clásico y lo moderno, del adagio de cuerdas y final en viento, al "chumbachumba". Destacando por encima de todo  la utilización del instrumento más conmovedor: La voz humana, a través  una coral polifónica femenina que impregna la historia de un halo de misticismo y santidad. 

El director italiano es un maestro rodando escenas, por lo que visualmente la película es muy atractiva. Su montaje es poderoso, extravagante, pretencioso. La fotografía es portentosa; la cámara no para quieta casi nunca, atrevida, inquisitiva, a la búsqueda del detalle y de  la Gran Belleza.

En fin, una película preciosa y preciosista que trasciende su pura imagen pirotécnica para narrar la historia de una ciudad vieja y decadente, un hombre viejo y decadente y de una soledad compartida en la nada. Todos somos nada y cuando esto se asimila como la única realidad toda nuestra percepción y actitud ante la vida cambia, nuestra esencia cambia.

Obligada para los amantes de Roma, para todos los que han visto "La Dolce Vita" de Fellini, para los que saben quien es Moravia y para los que buscan el placer del cine con mayúsculas.
Entras en ella poco a poco, al principio con cierto desconcierto, para quedarte atrapado en su fotografía , en sus diálogos , en sus personajes, perdido en la noche del Foro, en esa terraza frente al Coliseo, en las calles doradas de la Ciudad Eterna.

Al final, cuando salí del cine, me vinieron un torbellino de imágenes vividas que se mezclaron con lo que había visto y me pregunte si existe todavía esa Roma mágica , frívola y bella que yo conocí en los años que viví allí. Espero que sí.



miércoles, 12 de junio de 2013

Il Divo







raíz de la muerte del político italiano Giulio Andreotti, acaecida el pasado 6 de mayo a los 94 años de edad, volví a visionar “Il Divo”, el maravilloso biopic sobre su vida  escrito y dirigido por Paolo Sorrentino en 2008, una de las mejores películas de cine político que haya visto jamás.

Compleja argumentalmente y muy atractiva visualmente, la película aborda los hechos recientes y convulsos de la vida política y social de un país de primer orden como es Italia a, través de la mirada de una de las figuras políticas más influyentes de la segunda mitad del siglo xx.

Encarnado de forma soberbia por el actor Toni Servillo, Giulio Andreotti, jefe del gobierno italiano en hasta siete ocasiones y máximo exponente de la otrora todopoderosa Democracia Cristiana formo parte activa del parlamento italiano desde el año 1946 hasta que, a pesar de su cargo de Senador Vitalicio, su luz dejo de brillar en la década de los noventa al ser acusado de numerosos cargos de corrupción, de los que fue absuelto por falta de pruebas, quedando prescritas las causas pendientes. 

Así, Paolo Sorrentino trata la figura del calculador, inteligente, frío, enigmático, estratega e irreverente Giulio Andreotti como un irresistible cruce literario y cinéfilo entre el Ricardo III de William Shakespeare (por su deformidad física, Andreotti era jorobado) y el Nosferatu de Murnau (por es gesto rígido del rostro, del cuerpo y las manos que recuerdan directamente a la inolvidable composición expresionista del actor Max Schreck). Un panorama, humano e histórico, complejo de reflejar y que Sorrentino resuelve magistralmente acudiendo a la hipérbole, al esperpento, a lo grotesco y a lo sarcástico como si fuera un delirante carrusel dirigido por Fellini.

 La música y las canciones de la banda sonora van incluso más allá de sus cometidos actuando como un elemento que dota de mayor ritmo a una narración donde la música clásica de Vivaldi o la banda sonora compuesta por Teho Deardo se alternan con la vibración electrónica del dúo Cassius en "Toop Toop", la calidez de una balada de Bruno Martini, el pop de The Veils o el minimalismo ochentero de Trio en la canción “Da Da Da”.

Una Crítica feroz no sólo del político que durante 60 años llevo las riendas  de la política italiana más reaccionaria y comprometida con la Mafia , sino de todo un sistema parlamentario corrupto que nunca ha respetado ni a votantes, ni a compañeros de viaje.








jueves, 2 de mayo de 2013

Una mujer en la ventana







"The deep blue sea" es una pequeña joya inglesa cuyo aire frío y distante quizás no convenza a todo el mundo, pero vale la pena verla.
Firmada por el conocido director británico Terence Davies, esta personalísima película es una adaptación de la obra de Terece Rattigan, de la qual el propio Davies escribió el guión adaptado para la gran pantalla. El film compitió en la 59 edición del Festival Internancional de Cine de San Sebastián, levantando dispares reacciones entre el público, y la crítica.
Absolutamente teatral en su puesta en escena, la película se vale de tres factores de peso para la narración: por un lado la estupenda fotografía de Florian Hoffmeister que, con unas iluminaciones que rozan lo onírico y resultan altamente creativas, parece pintar emociones en este retrato de pasiones encontradas. Por otro lado, el tratamiento del sonido y la banda sonora que coge prestada de Samuel Barber un concierto de cuerda majestuoso que dota al drama de la película de un tono casi operístico. Y, por último, las interpretaciones del trío protagonista, majestuosas para algunos y  extremadamente frías para otros, aunque hay que reconocer que son profundas y poderosas, sin exageraciones ni histrionismos, ya que cada cual borda su papel con una elegancia y dignidad mas propia de una representación teatral que de un película.

Pero, The deep blue sea no es, seguramente, una película para todos los públicos. Con planos muy logrados, escenas lentas sin diálogo y un montaje que trata que entendamos, sobre todo,  como evoluciona la mente de la protagonista:Una  radiante Rachel Weisz que con su interpretación en el papel de una mujer que vive agasajada pero infeliz con un juez rico (Simon Russell Beale) que la ama con locura, en un ambiente quizá demasiado culto y acomodado nos demuestra con creces que una imagen vale más que mil palabras. Así, su personaje es cálido, sensual, apasionado y trágico, sensaciones, todas ellas, que  la actriz británica  consigue transmitir con autentico entusiasmo. Su desgracia sera enamorarse de un ex-piloto (Tom Hiddleston) que le aportara ese vigor juvenil, ese riesgo, esa pasión, esa espontaneidad, que no le da su matrimonio. Pero, como suele pasar, mientras su marido se arrastra dejando atrás hasta su dignidad para poder volver a su lado, ella hace lo mismo con un amante al que le reclama, constantemente, más atención y más cariño, aunque seguramente si el se lo diera ella ya no tendría ese interés y dependencia.
Quizás “The Deep Blue” Sea sea, en su forma,  una película ensimismada en su propia belleza. Fría como un témpano,dolorosa, hermosa e inalcanzable, pero  habla de pasiones desbordantes y por ello es  más hermosa si cabe.
El retrato que Davies realiza sobre una historia de amor adúltero es atípica y nada convencional, lejos de lo común y este es, precisamente, uno de los puntos más destacables del film, que una historia tan vista como ésta, sea llevada a cabo de forma distinta. La mirada de Davies es profunda, como bien el título de la película indica.Puro cine de autor europeo.

sábado, 27 de abril de 2013

Poesia Visual









"To The Wonder” es la última película del gran director norteamericano Terrence Malick, creador de grandes obras maestras como “El Árbol de la Vida”, “La Delgada Línea Roja” o “Días de cielo", entre otras.
Pero, a pesar de ser uno de los directores más respetados del panorama actual y uno de los grandes directores de la época dorada de los 70, Malick no ha sido muy prolífico. En más de 40 años sólo ha dirigido cinco películas, todas ellas, eso si,  grandes muestras de cine que han creado un estilo y un lenguaje propio del director. Por algo es conocido como el gran poeta visual del cine americano, ya que si hay algo que distingue a su cine es, precisamente, la poesía. Un cine en el que prevalecen imágenes y paisajes que hablan por sí mismos, acompañados de música, enfoques, encuadres y una concurrente voz en off que construyen, casi siempre, un gran poema visual en movimiento. 
Rodada casi al mismo tiempo que “El arbol de la vida”, aunque estrenada mucho más tarde por el largo proceso de posproducción , “To The Wonder” supone una continuidad de su predecesora, aunque en términos más mundanos. Así, si en “El Arbol de la Vida” se abordaba la idea de la creación del universo , un concepto colosal que lleva preocupando a Malick en los últimos años y que se ha convertido en el epicentro de todos sus proyectos, "To the Wonder" se centra más en la relación de las personas con su entorno, desde la religión y la naturaleza, hasta los sentimientos de amor, desamor y pérdida que vive y sufre una pareja.

"To The Wonder" es , sobre todo, una película sobre el amor, un drama romántico que sigue desde Francia los pasos de un escritor norteamericano (Ben Affleck) que acaba de iniciar un romance con una joven ucraniana (Olga Kurylenko), madre divorciada de un hija de diez años. Entre París y, sobre todo, en  la Abadía de Saint Michel, uno de los monumentos más emblemáticos de Francia, se abre paso un amor que conduce a que ambos unan sus vidas y se instalen, junto a la hija de ella, en Estados Unidos, en una población de Oklahoma dónde, tras la expectación inicial  producida por conocer un nuevo mundo, la sensación de vacío y pérdida y la inadaptación de la hija de ella se instalará en el inevitable proceso de destrucción de la pareja.

Malick, más fiel que nunca a su estilo,  hace desaparecer prácticamente por completo los diálogos y nos acerca a los personajes intentando tocar sus almas. Hurga en sus pensamientos, en sus miedos, en sus inquietudes a través de sus habituales voces en off, que suenan susurrantes mientras, a lo lejos, Wagner y Tchaikovsky nos invaden como si estuviéramos asistiendo a la narración de un poema. 










lunes, 11 de junio de 2012

El niño de la bicicleta






Un tópico de los manuales de guión dice que la pregunta principal en cualquier buena película debería ser: ¿Qué quiere el protagonista?. Así, para que una historia atrape a a la audiencia, el personaje debe tener una meta y estar dispuesto a hacer lo que sea para alcanzarla. El problema es que esta teoría, a causa de su hegemonía en Hollywood, generalmente, se considera inadecuada en el universo del cine de autor.
Sin embargo, los cineastas belgas Jean Pierre y Luc Dardenne han conseguido algo notable: han recuperado de Hollywood la idea de la voluntad, revistiendola de una energía narrativa que la hace muy distinta de la trivial fuerza del deseo que motiva, con frecuencia, el cine comercial. Para los hermanos belgas la voluntad es algo que impulsa al mundo y es lo único que permite a sus personajes sobrevivir, incluso cuando parece que un universo demasiado hostil está dispuesto a acabar con ellos, hasta llevarlos a la redención personal.
Cyril, el joven protagonista de “El niño de la bicicleta”, protagonizado por el extraordinario actor de 13 años Thomas Doret, es un personaje prototípico del cine de los hermanos Dardenne. Un adolescente en una situación difícil que muestra una determinación a prueba de todo para conseguir su objetivo: reencontrarse con su padre que, tras haberle abandonado en un centro de acogida, ha desaparecido del mapa. Frente a un futuro que se presenta marcado por la inestabilidad social y emocional, la figura paterna representa para el chico lo único a lo que agarrarse para no caer en el pozo sin fondo de la desesperación. Hasta que en una de sus huidas del centro Cyril acaba encontrado, de manera casual y a través de un abrazo accidental, a una peluquera, Samantha, que acepta la responsabilidad de acogerlo los fines de semana.
Es cierto que lejos del espacio de protección que le ofrecen la peluqueria y sus alrededores, Cyril se verá acechado por una serie de peligos y será, incluso, traicionado “por el mundo respetable” pero, al final, triunfará el amor desinteresado.
“El niño de la bicicleta” representa, a primera vista, un retorno de los Dardenne a las constantes vitales de su cine, después del paréntesis urbano de "El silencio de Lorna". Sin embargo, la película es la más cálida, abierta y luminosa que han rodado los belgas hasta el momento.
Los paisajes también parecen diferentes. Aquí nos volvemos a encontrar a una Bélgica de provincias y suburbios obreros. Pero en este caso no se nos presenta en ese tono grisaceo de películas anteriores, sino bajo una tibia luz de verano que permite secuencias como las del paseo en bicicleta de Cyril y Samantha, un momento de felicidad y sensualidad insólitos en la trayectoria de los Dardenne.
Dentro de una apuesta por unas estructuras sociales concretas, “El niño de la bicicleta” reivindica un tipo de familia que ya no se sostiene, simplemente, por los lazos sanguineos, sino por los vínculos creados por el amor desinteresado y la asunción de una responsabilidad más allá de las convenciones.
Es, precisamente, aquí donde radica la belleza del personaje de Samantha. Desde ese abrazo forzado con que se funde con Cyril la primera vez que se encuentran ella toma una decisión vital que no necesita de motivaciones del inconsciente. Más allá del papel que deben jugar las instituciones, más allà de los roles que dicta la sociedad, más allá de los dictados de cualquier ideología, ella se mueve por los resortes de la verdadera compasión, la de sentir el mismo sufrimiento que el prójimo y la de asumir un compromiso individual ante el dolor ajeno.

sábado, 19 de mayo de 2012

Un lugar donde quedarse






Película extraña donde las haya, “This must be the place”, toma su nombre de una canción del mítico grupo Talking Heads, cuyo antiguo líder, David Byrne, es coautor de la banda sonora del film y aparece en una maravillosa escena musical, rodada de manera deslumbrante.
Cuatro años después de “Il Divo”, un mordaz y demoledor retrato del senador vitalicio Giulio Andreotti, el director italiano Paolo Sorrentino parce cambiar de ámbito.
Así, en “Un lugar donde quedarse” nos cuenta la historia de Cheyenne una antigua estrella del rock (interpretada por Sean Penn), que recuerda mucho a Robert Smith, el líder de The Cure, y que consumido por la heroína y los excesos de su etapa gloriosa se arrastra ante un presente vacío , insatisfactorio y, a veces, incomprensible llevando una vida de prejubilado en un maravilloso castillo de Dublín.
La muerte de su padre, con el que hacia treinta años que no se trataba, le lleva de vuelta a Nueva York donde, a través de sus diarios , reconstruye la vida de su padre en los últimos treinta años, en los que se dedico obsesivamente a buscar al criminal nazi que lo humilló en Auschwitz.
Sin capacidad alguna como investigador y contra toda lógica, Cheyenne decide continuar la tarea de su padre y emprende la búsqueda del nonagenario alemán a través de la América más profunda. De esta forma, lo que empieza siendo un drama sobre el vacío interior de este estrafalario personaje da un vuelco de 180 grados y se convierte en una auténtica road movie de autoafirmación personal.
Un viaje en el que el aspecto visual de las imágenes es absolutamente impecable, pero donde se cruzan situaciones asombrosas, personajes imposibles y diálogos absurdos en una película que salta sin pudor entre géneros, y cuyo mayor acierto son los elementos irónicos que adornan la base dramática del film.
Pese a todo, resulta sorprendente como del conjunto logra aflorar cierta atracción y cierto sentimiento de empatia con el personaje, sin lograr desprenderse de la confusión, el caos y lo absurdo que configuran todo ese descontrol narrativo y formal.
Tampoco parece que el director haya hecho ningún esfuerzo por acercar su obra al espectador, más bien todo lo contrario, diluyéndola y expandiéndola a través de tonos y secuencias que chocan por la perplejidad que brota de ellas.
En definitiva, es una cinta difícil de catalogar, pero se admira la valentía y el descaro con la que se ha abordado y, lo que es más importante, se deja ver y, al final, emociona.

lunes, 14 de mayo de 2012

EVA es mi nombre





EVA es mi nombre y  también el de la primera  película de Kike Maíllo. Un film innovador y valiente que se enfrenta a diversos retos, lo cual resulta digno de destacar tratándose de una opera prima.
En primer lugar, se trata de un film de ciencia ficción, un género que parecía maldito en nuestro país y cuya tradición en nuestra cinematografía es escasa y más bien banal.
A este respecto, Maíllo y su equipo (en buena medida surgido, como el propio director, de las aulas de la ESCAC) han sabido solventar parcialmente esos riesgos ofreciéndonos unos efectos especiales muy bien conseguidos y una imaginaria fantástica, compuesta de pequeños robots, paneles de control y ordenadores imposibles, muy bien medida. Aunque hay que decir que no se alcanza la misma eficacia en lo relativo a la ubicación más general del entorno llevado a un 2041 permanentemente nevado y con toques vintage.
Quizás ese anacronismo ambiental tenga una cierta lógica si entendemos el segundo reto que intenta afrontar Maíllo: conducir a EVA hacia un territorio que tampoco es ajeno al de la inteligencia artificial plasmada en el cine: la de la  reflexión sobre las fronteras entre las capacidades preformativas de los robots cibernéticos y sus límites emocionales.
Dentro de esa dinámica EVA camina lastrada por unos interpretes excesivamente estáticos e insuficientemente expresivos a causa de la simplista trama amorosa triangular que pretende estructurar el relato, y por el tono de frialdad por el que claramente ha optado Maíllo como destacado recurso estilístico.
Una vez visionado el film, queda la sensación de que de haberse desarrollado más la carga emocional que se quiere trasmitir al espectador la película hubiera sido absolutamente demoledora e infinitamente más emocionante.

lunes, 7 de mayo de 2012

Una pequeña joya






“Restless” es el sencillo  nombre de la última y  hermosa  película del gran Gus Van Sant.
Presentada en el último Festival de Cannes, quizás no obtuvo la acogida que está a la altura de su delicadeza  y originalidad. Para mi “Restless”es, sin lugar a dudas, una de las películas más logradas y complejas de Van Sant, aunque eso no signifique que sea su obra más misteriosa, ni la más difícil.
En ella, el cineasta de Portland, sin salir de su ciudad natal como en la mayoría de sus obras, nos cuenta la história de Enoch, un muchacho que, obsesionado por la muerte de sus padres a causa de  un accidente de coche, se dedica a ir de funeral en funeral, ya que a el le fue arrebatada la posibilidad de asistir al de sus progenitores al haber caido en coma a causa del mismo accidente. Es en uno de esos funerales donde se enamora de Anabel, una joven a la que solo le quedan unos meses de vida.
A partir de aquí, Van Sant nos describe su relación durante esos pocos meses como un alegato a favor de la bondad  a través del acompañamiento hacia la muerte.
El reto de autor consiste, precisamente, en  mantener un equilibrio tan frágil como el físico de los dos actores, Henry Hopper y Mia Wasikowska, los dos maravillosos. Un equilibrio etereo que se alimenta, por otra parte, de la trivialidad, del mal gusto y de la perversa facinación que puede implicar la cercania de la muerte. Así, todo el film descansa en este trauma y en su curación.¿No ha tenido tiempo de despedirse de sus padres?, ¿Tendrá tiempo de despedirse de la chica a la que conoce justo para verla partir y acompañarla? Al final ella muere, pero el es quien descansa en paz.
Sin embargo, lo que resulta más extraño en este film luminoso y otoñal es la presencia de Henry Hooper. En cada expresión, en cada mirada, su rostro amenaza con asumir los rasgos de su padre, Dennis.
Cuando los créditos finales concluyen y aparece la dedicatoria  a Dennis Hooper, una emoción profunda enluta el film, como si esta história de aparecidos contara con el prodigio de la aparición que representa la semejanza entre un padre y su hijo.

martes, 13 de marzo de 2012

Por qué no le dieron el Oscar a Glenn Cloose?




Muchas veces las prisiones en las que estamos atrapados son imposiciones propias nacidas de la opresión de la sociedad. Este es, aunque no estoy segura, el mensaje principal de “Albert Nobbs”, una discreta película, dirigida por Rodrigo Garcia e interpretada, con soberbia genialidad, por Glenn Cloose. Una sorpresa inesperada  que me llego a desconcertar no solo por su argumento, sino por la potencia del personaje.
El film, una coproducción entre Irlanda y el Reino Unido, nos ubica en un lujoso hotel del Dublín del siglo XIX, donde Albert Nobbs, en realidad una mujer, ve una opción de supervivencia en el hecho de transformar su apariencia en aquella que se requiere para trabajar y vivir dignamente en una sociedad como la de Irlanda del siglo XIX . Albert es un mayordomo integro y profesional, pero también un ser callado e introspectivo, que siempre parece estar a punto de destrozarse y hacerse añicos, aunque se sostiene  por la dureza de lo mecánico. Una niña  a quien la adolescencia le fue robada, una mujer que no ha vivido ni conocido la sexualidad, ni el afecto de un compañero, para llegar a convertirse en un ser asexuado oculto bajo un estereotipo social.
Una película pequeña que su actriz principal hace grande con una actuación intachable, impecable, atenta a cada pequeño gesto, susurrando emociones, inocencia y tristeza en cada mirada, en cada parpadeo. Un ejercicio fascinante no de transformismo, sino de psicología que confirma a Glenn Cloose como un animal interpretativo de una inteligencia, una profesionalidad y una humildad no solo merecedora de ese Oscar que no le dieron, sino  de muchos más.

viernes, 9 de marzo de 2012

Vivir para otros




Basada en la reputada novela homónima de Kazuo Ishiguro e interpretada magistralmente por Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley, "Nunca me abandones", de Mark Romanek, nos traslada con sus imágenes  a un internado ingles en el que conviven cientos de niños a los que se les niega el conocimiento de todo aquello que se encuentra al otro lado de la valla en la que están confinados.
Todos esos niños no son más que máquinas humanas, clones desgajadosde sus originales para servir a una sociedad de la que jamas se sentirán parte, condenados a un destino cruel e inaplazable que conducirá sus pasos hacia ese momento, en el que tras tres o cuatro donaciones, sus cuerpos dejen de ser útiles para el cometido para el cual fueron creados.
A lo largo de los años observamos como van entablando amistad entre ellos, se enamoran unos de otros e, incluso, se hacen daño entre si. A pesar de poseer un destino de parias nos demuestran que poseen un alma y, a diferencía de quienes los gobiernan, son capaces de estar juntos, caminar juntos y amar con toda su alma, lo único que poseen verdaderamente suyo. Nadie huye, nadie se compadece de si mismo, todos esperan su futuro con resignación.
Es tan pesimista el mensaje de esta película, tan retorcidos y, a la vez,  tan auténticos  los sentimientos que provoca que tiene que haber algo de verdad y algo de presente en este alternativo pasado futurista. Algo de amor y de dolor. Algo de nosotros.
Es en ese momento, cuando te das cuenta de lo que estás viendo y cuando eres capaz de entender, cuando sientes que la película te está  provocando un dolor tan intenso que te dejará huella.

martes, 6 de marzo de 2012

Una patada en el estómago




Steve Macqueen, artista multimedia antes que director de cine, y sin ningún parentesco con el mítico actor de los años 70, nos propone con Shame una  de las películas  más perturbadoras, salvajes y certeras de los últimos años. No es exageración, pero es una historia  que transmite la amargura, la compulsión y el patético aislamiento interior de su protagonista: un adicto al sexo. Guiada por una interpretación feroz y brillante de Michael Fassbender, que hace un despliegue de talento en el que no se va de plano ni un segundo, 'Shame” cuenta la maldición de un ejecutivo que reparte su tiempo entre todas las páginas de sexo que le ofrece Internet, que son muchas, y acudir a las citas que le proporciona la ciudad más activa del universo. Y así hasta que un buen dia recibe la visita de su hermana, un ser tan atormentado como el, interpretada por una no menos magistral Carey Mulligan

Any de Gracia, de Ventura Pons




Ayer, como cada domingo por la tarde, me pase por el cine Verdi para ver una de esas pelís que echan siempre en versión original. Esta vez, sin embargo, fue mas fácil que de costumbre, ya que los subtitulos no existían, y la versión original de la cinta era directamente el catalán!! Se trata de la nueva película de ventura Pons, , Any de Gracia, donde el director catalán  nos muestra su visión sobre las relaciones humanas en el particular microcosmos del famoso barrio barcelonés que da nombre al título de la película y al personaje que interpreta  Rosa Maria Sardà .No quiero ni imaginarme cómo será la película doblada al castellano, pero en su versión original la cinta puede entusiasmar a una parte del público barcelonés y catalán. Al fin de cuentas estamos ante una historia bonita, bien contada y de “buen rollito”. Es una lástima que esté lastrada por una
mirada que no va más allá de los tópicos  y estereotipos que pueblan mi barrio o, mejor dicho, lo  poblaban.