Pocas veces se ha visto en el Festival de Cannes un cartel tan bonito y elegante como el de este año. Me imagino que si nos pusiéramos a buscar en el diccionario la palabra "clase" nos aparecería, precisamente, esta foto:La del, siempre, elegante y expresivo rostro de Marcello Mastroianni para la eternidad.
jueves, 24 de abril de 2014
jueves, 2 de enero de 2014
Cualquier tiempo pasado fue mejor
Dirigida
por Paolo Sorrentino, “La Gran belleza” es, con toda seguridad, una de las mejores películas del año. Una obra maestra llena de calidad,
profundidad, precisión y hermosura, construida como un poema visual, que rescata aquel cine italiano clásico, extraño, fellinesco y
magistral.
Así, el
director de "Il Divo" nos presenta aquí su película más atrevida y audaz, y se la juega siendo más él mismo que nunca. Se nota que mama de la
teta de Fellini y de "La Dolce Vita", pero no es la revisión de un clásico lo que nos presenta sino, simple y llanamente, su mejor película.
La historia es sensacional. Habla del todo y de la nada, de la mediocridad y de la exuberancia, de la
decadencia y la grandiosidad, de la vida y de la muerte. Es poesía pura que nos muestra a una alta
sociedad romana decrépita y cansada que se reúne en fiestas en las que corren
el alcohol, las drogas, el arte contemporáneo, la
libertad sexual, y todo con Roma como telón de fondo.
El guión es simplemente brillante. Las escenas se
suceden regadas de grandes diálogos y situaciones que invitan a la
reflexión y a la autocrítica en una búsqueda mezquina de lo que es
más importante, las propias raíces, que no son, simplemente, los antepasados o la
tradición familiar, sino lo que verdaderamente sostiene nuestra vida. Una
búsqueda en la que hay cabida para el drama, la comedia negra, la
ironía, el sarcasmo y el esnobismo.
Los
actores están imponentes, sobre todo el protagonista, Toni Servillo, que no actúa, sino vive. Su labor tiene tintes tan
naturales que son casi insultantes, se desenvuelve con una facilidad
pasmosa y su influencia y su atracción son impresionantes. Completa
un espectacular reparto de secundarios en los que cada uno brilla en
su cometido dando vida a la estrafalaria alta sociedad romana.
La música es también bellisima, a caballo entre lo clásico y lo moderno, del adagio de cuerdas y final en viento, al "chumbachumba". Destacando por encima de todo la utilización del instrumento más conmovedor: La voz humana, a través una coral polifónica femenina que impregna la historia de un halo de misticismo y santidad.
El director italiano es un maestro rodando escenas, por lo que visualmente la película es muy atractiva. Su montaje es poderoso, extravagante, pretencioso. La fotografía es portentosa; la cámara no para quieta casi nunca, atrevida, inquisitiva, a la búsqueda del detalle y de la Gran Belleza.
En fin, una película preciosa y preciosista que trasciende su pura imagen pirotécnica para narrar la
historia de una ciudad vieja y decadente, un hombre viejo y
decadente y de una soledad compartida en la nada. Todos somos nada y
cuando esto se asimila como la única realidad toda nuestra
percepción y actitud ante la vida cambia, nuestra esencia cambia.
Obligada para los amantes de Roma, para todos los que han visto "La
Dolce Vita" de Fellini, para los que saben quien es Moravia y para
los que buscan el placer del cine con mayúsculas.
Entras
en ella poco a poco, al principio con cierto desconcierto, para
quedarte atrapado en su fotografía , en sus diálogos , en sus
personajes, perdido en la noche del Foro, en esa terraza frente al
Coliseo, en las calles doradas de la Ciudad Eterna.
Al final, cuando salí del cine, me vinieron un torbellino de imágenes vividas que se mezclaron con lo que había visto y me pregunte si existe todavía esa Roma mágica , frívola y bella
que yo conocí en los años que viví allí. Espero que sí.
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jueves, 4 de julio de 2013
El reencuentro
La primera vez que Ulay vio a Marina ella estaba desnuda en público y se dibujaba con una cuchilla en el vientre la figura sangrante de una estrella, el símbolo comunista. Era 1976, en Amsterdam, y fue más que un amor a primera vista. Ella era serbia, él alemán. Ambos nacieron un 30 de noviembre de años distintos. Los dos se dedicaban al naciente y marginal arte del performance. Se unieron carnal y espiritualmente y decidieron formar una especie de dúo artístico que llamaron “El Otro”. A los dos les interesaba el ritual, lo simbólico, el fondo de las relaciones humanas, que exploraron en sus más poéticos y revulsivos aspectos.
Durante doce años realizaron piezas en las que llevaron al extremo esas ideas desarrollando una disciplina terrible de autocontrol .Sentados uno frente al otro se dieron fuertes bofetadas durante casi media hora; estuvieron atados uno de espaldas al otro, inmóviles, durante 17 horas; corrieron desnudos desde dos extremos chocando sus cuerpos una y otra vez, tras volver a la posición inicial y, también, lo hicieron en direcciones opuestas contra unas columnas que se iban desplazando con sus encontronazos. Unieron sus bocas sin separarse respirando el mismo aire hasta perder el sentido; se gritaron, cara a cara, hasta quedarse afónicos y exhaustos, estuvieron sentados a los dos lados de una mesa, en silencio, en ayuno y sin moverse, durante 16 días, hasta que él tuvo que ser internado en un hospital.
Mientras tanto, como su arte no les daba casi ni para comer, vivieron en el espacio reducido de una furgoneta durante cinco años, duchándose en gasolineras, ordeñando cabras en granjas que les permitían hacerlo a cambio de un poco de leche, viajando, preparando sus acciones. Ambos confiesan hoy que fueron años durísimos pero profundamente felices.
Comprometidos íntimamente con lo simbólico, cuando su relación se acercaba al final,en 1988, realizaron una última performance titulada "Los amantes". Marina y Ulay empezaron en solitario en dos extremos de la Gran Muralla China –él desde el desierto de Gobi, ella desde el Mar Amarillo-- una larga caminata de 2.500 kilómetros que los llevaría a encontrarse al centro. Tras el abrazo final dejaron de verse y hablarse durante 23 años, hasta 2010, con motivo de la gran retrospectiva en el MOMA de Nueva York, "The Artist is Present", donde Marina Abramovic pasó 176 horas y 30 minutos sentada en silencio en una silla mientras los visitantes, uno a uno, ocupaban la silla de enfrente y le sostenían la mirada durante unos minutos. La gente hizo cola días y noches enteras para tener esa experiencia. Al final era casi una locura colectiva. Muchos lloraban. Ella apenas se movía, pero les respondía con una mirada intensa y atenta, con tiempo y silencio.
Pero, la casualidad quiso que uno de esos visitantes fuera Ulay, al que no veía desde hacía 23 años. El que fue el amor de su vida estaba allí, sentado, en silencio, mirándola.... Parece que en ese estado mental que propicia el arte del performance puede suceder cualquier cosa. Y ellos son dos maestros.
domingo, 16 de junio de 2013
Bisutería para amantes del celuloide
Bell & Howellery es la nueva iniciativa empresarial de Anna Rodriguez y está dedicada a realizar complementos hechos con película de cine. Pendientes, agujas o pulseras, elaborados a partir de películas de Súper 8 de toda clase: Desde viejas películas de Charlot, hasta dibujos animados, pasando por filmes de ciencia ficción o cine negro...entre otras.
El celuloide como soporte para hacer películas se está extinguiendo en plena era digital, por lo que Bell & Howellery quiere reivindicar la belleza y el magnetismo de este material, darle una nueva vida y permitir que llevemos con nosotros fragmentos de filmes que nos conecten con nuestro pasado, reciente o lejano.
En color, en blanco y negro o en la serie turquesa y las formas de las agujas y pendientes de Bell & Howellery nos transportan a mundos desconocidos, poblados en ocasiones por pequeños animales o personajes extraños, y buscan,, ante todo, la luminosidad del material a partir de un diseño que entremezcla la elegancia y la fantasía.
miércoles, 12 de junio de 2013
Il Divo
A raíz de la muerte del político italiano Giulio Andreotti, acaecida
el pasado 6 de mayo a los 94 años de edad, volví a visionar “Il
Divo”, el maravilloso biopic sobre su vida escrito
y dirigido por Paolo Sorrentino en 2008, una de las mejores
películas de cine político que haya visto jamás.
Encarnado
de forma soberbia por el actor Toni Servillo, Giulio Andreotti, jefe
del gobierno italiano en hasta siete ocasiones y máximo exponente
de la otrora todopoderosa Democracia Cristiana formo parte
activa del parlamento italiano desde el año 1946 hasta que, a pesar
de su cargo de Senador Vitalicio, su luz dejo de brillar en la
década de los noventa al ser acusado de numerosos cargos de
corrupción, de los que fue absuelto por falta de pruebas, quedando
prescritas las causas pendientes.
Así, Paolo Sorrentino trata la figura del calculador, inteligente, frío, enigmático, estratega e irreverente Giulio Andreotti como un irresistible cruce literario y cinéfilo entre el Ricardo III de William Shakespeare (por su deformidad física, Andreotti era jorobado) y el Nosferatu de Murnau (por es gesto rígido del rostro, del cuerpo y las manos que recuerdan directamente a la inolvidable composición expresionista del actor Max Schreck). Un panorama, humano e histórico, complejo de reflejar y que Sorrentino resuelve magistralmente acudiendo a la hipérbole, al esperpento, a lo grotesco y a lo sarcástico como si fuera un delirante carrusel dirigido por Fellini.
La música y las canciones de la banda sonora van incluso más allá de sus cometidos actuando como un elemento que dota de mayor ritmo a una narración donde la música clásica de Vivaldi o la banda sonora compuesta por Teho Deardo se alternan con la vibración electrónica del dúo Cassius en "Toop Toop", la calidez de una balada de Bruno Martini, el pop de The Veils o el minimalismo ochentero de Trio en la canción “Da Da Da”.
Una Crítica feroz no sólo del político que durante 60 años llevo las riendas de la política italiana más reaccionaria y comprometida con la Mafia , sino de todo un sistema parlamentario corrupto que nunca ha respetado ni a votantes, ni a compañeros de viaje.
martes, 11 de junio de 2013
El sueño
Sueño que estoy en algún lugar de la vieja Europa. En un pueblo pequeño, lleno de niebla y barro. Por la ambientación parecen los años 20 del siglo pasado.
Hay una boda y tu eres el novio. Están tus padres, tus hermanos, tus amigos, las autoridades del lugar.
Yo estoy allí. No se bien que hago, pero llevo un vestido rojo como de campesina y unos zapatos marrones, bajos y de cordones.
Alguien me dice que es tu boda y que yo soy la novia, que es mejor que te acompañe. No me lo pienso dos veces, es verdad, quiero estar contigo!
Pero no puedo casarme con ese vestido rojo y esos zapatos! Necesito estar a tu lado ataviada como una verdadera novia.
Entonces empieza la larga carrera de obstáculos. Todos me ayudan, corremos de un lado a otro, abrimos y cerramos armarios, me quito, me pongo, me pruebo hasta que, finalmente, tu madre me consigue un verdadero vestido de novia. Es largo, de raso blanco-marfil, escotado por delante y por detrás. Me queda bien. Los zapatos, altísimos, también llegan de algún lugar y, extrañamente, coinciden con mi numero.
Ahora estoy allí, vestida de novia, a tu lado. Nos miramos y, cuando despierto, me queda la sensación de que nos amamos.
jueves, 2 de mayo de 2013
Una mujer en la ventana
"The
deep blue sea" es una pequeña joya inglesa cuyo aire frío y
distante quizás no convenza a todo el mundo, pero vale la pena
verla.
Firmada
por el conocido
director británico Terence Davies, esta personalísima película es
una adaptación de la obra de Terece Rattigan, de la qual el propio
Davies escribió el guión adaptado para la gran pantalla. El film
compitió en la 59 edición del Festival Internancional de Cine de
San Sebastián, levantando dispares reacciones entre el público, y
la crítica.
Absolutamente
teatral en su puesta en escena, la película se vale de tres
factores de peso para la narración: por un lado la estupenda
fotografía de Florian Hoffmeister que, con unas iluminaciones que
rozan lo onírico y resultan altamente creativas, parece pintar
emociones en este retrato de pasiones encontradas. Por otro lado, el
tratamiento del sonido y la banda sonora que coge prestada de Samuel
Barber un concierto de cuerda majestuoso que dota al drama de la
película de un tono casi operístico. Y, por último, las
interpretaciones del trío protagonista, majestuosas para algunos y extremadamente frías para otros, aunque hay que reconocer que son
profundas y poderosas, sin exageraciones ni histrionismos, ya que
cada cual borda su papel con una elegancia y dignidad mas propia de
una representación teatral que de un película.
Pero,
The deep blue sea no es, seguramente, una película para todos los
públicos. Con planos muy logrados, escenas lentas sin diálogo y un
montaje que trata que entendamos, sobre todo, como evoluciona la mente de la
protagonista:Una radiante Rachel Weisz que con su interpretación en el papel de una
mujer que vive agasajada pero infeliz con un juez rico (Simon Russell
Beale) que la ama con locura, en un ambiente quizá demasiado culto y
acomodado nos demuestra con creces que una imagen vale más que mil
palabras. Así, su personaje es cálido, sensual, apasionado y
trágico, sensaciones, todas ellas, que la actriz británica consigue transmitir con
autentico entusiasmo. Su desgracia sera enamorarse de un ex-piloto
(Tom Hiddleston) que le aportara ese vigor juvenil, ese riesgo, esa
pasión, esa espontaneidad, que no le da su matrimonio. Pero, como
suele pasar, mientras su marido se arrastra dejando atrás hasta su
dignidad para poder volver a su lado, ella hace lo mismo con un amante
al que le reclama, constantemente, más atención y más cariño,
aunque seguramente si el se lo diera ella ya no tendría ese interés
y dependencia.
Quizás
“The Deep Blue” Sea sea, en su forma, una película ensimismada en su propia
belleza. Fría como un témpano,dolorosa, hermosa e inalcanzable,
pero habla de pasiones desbordantes y por ello es más hermosa si
cabe.
El
retrato que Davies realiza sobre una historia de amor adúltero es
atípica y nada convencional, lejos de lo común y este es,
precisamente, uno de los puntos más destacables del film, que una
historia tan vista como ésta, sea llevada a cabo de forma distinta.
La mirada de Davies es profunda, como bien el título de la película indica.Puro cine de autor europeo.
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